¿Y? ¿Qué pasa?

por Daniel Carrasco, Periodista Radio Reloncaví

Cuando tenía unos 7, 8 años, me imaginaba el futuro de la forma en que lo veía en las películas; con naves espaciales, la posibilidad de viajar a otros mundos, conocer lo que hubo antes de nosotros; con un planeta mayormente explorado y un sinfín de adelantos tecnológicos, que superan lo que tenemos actualmente. No se trata de ver el vaso medio vacío, o ser poco agradecido de los avances que tenemos, pero la lectura, en ese entonces, tenía que ver con lo imaginado por otros.

Con el tiempo, esas mismas imágenes, películas, historias, que se repiten en el tiempo, y que uno les rinde culto, porque nos transportaban a universos fantásticos, fueron dando paso a segundas lecturas, donde la lucha por la libertad, la segregación, o simplemente la obtención del poder, dieron paso a tramas más complejas, que experimentamos día a día, en la realidad “real”.

Quizás, no se entiende la alegoría, o el paralelismo, el punto es que hoy, estamos en ese futuro, y que al igual que yo, muchos imaginaron del mismo modo. Pero el panorama dista mucho de aquello que pensamos.

En el país, vivimos casi 20 millones de personas, donde gran parte, creció con un imaginario, potenciado por grandes marcas, medios de comunicación, estado, etc. Éramos los jaguares de Latinoamérica, fuimos también un “oasis”; transformándonos de cierta manera en un referente para varios países en esta parte del planeta. Todos de la boca para afuera mostrando que Chile ya no era de medio pelo.

En mis tiempos post universitarios, tuve la posibilidad de trabajar en diferentes locales, pubs, donde se veía toda esa pujante economía, que invadía todo, con edificios nuevos, malls y autos de lujo merodeando por las calles de Puerto Montt.

Pero como en todo orden de cosas, la delincuencia, los robos domiciliarios, el narcotráfico, estaban presentes. Quizás en lo particular, no lo veía, por mi juventud y desinterés, pero hay cosas que son, y como decía mi abuela: “desde que el mundo es mundo”. Nada nuevo bajo el sol, por decirlo de una forma más contemporánea.

Sería redundante comentar que pasó después, porque creo que es algo que se ha grabado a fuego en la conciencia de la ciudadanía. Varios años de endeudamiento, aumento en los precios de los insumos; colusiones comerciales; corrupción política; y así, un gran compendio de “chambonadas” que fueron mellando el ánimo de todos, y que concadenó en millones de personas, un 25 de octubre -hace 3 años atrás- con las calles llenas exigiendo una vida digna.

Lo recuerdo, porque ese día salí a tomar fotos; esta foto que tú puedes ver (bajo este texto) donde la decisión de un pueblo se manifestaba a través de alegría. Hubo disturbios, vandalismo, eso es incuestionable. Pero el sentir del populacho era clarísimo: “arreglen esto”.

Llegó la pandemia, y así estamos ahora con una economía desgarrada, con los precios a un 60% más caro. Con gremios luchando por intentar subsistir. Con políticos que se dedican a confrontarse, en cosas que en este momento no son de urgencia. Con un presidente desconectado del Chile de hoy, no del mes pasado, o del año pasado; hoy están ocurriendo los robos, los «asaltos», no sólo en la calle, sino que también en los supermercados, en las tiendas, en el banco, en la vida en general.

Nosotros como papás, en su gran mayoría desconectados de nuestros hijos, que se revientan a trompadas en el colegio, algo que ha pasado “desde que el mundo es mundo”, y no se trata de avalarlo, ya que, si bien hay un incremento importante de la violencia, esto no es en términos cuantitativos, si no en escalada de actos de ese tipo; siempre nos hemos agarrado a cornetes en el colegio; yo lo hice muchas veces, mis padres, tus padres, tú, que lees estas líneas.

Lo que sí es que ahora, a diferencia de años pasados, se actúa en manada, y los hechos lo constatan; se viralizan a través de internet; en nuestra época, era uno a uno.

Repito, que no intento decir que esto sea aplaudible, pero hay cosas que son, porque tienen que ser, y escapan al control de muchos.

El tema está en que, y tomando la violencia como un punto de donde agarrarme, se ha incrementado en sus niveles, donde ya no hay distingo ni respeto por nada. Las funas, las cancelaciones, el bullyng que escapa a toda crueldad que pudimos ver en años anteriores, el tráfico de drogas dentro de los establecimientos educacionales. El poco poder resolutivo que tienen los profesores para llevar procesos disciplinarios. Padres que se enajenan y que ven de forma pasiva todo lo narrado. No se trata de emitir juicios a doquier, intentando culpar a alguien, porque todo lo que describo, es el resultado de.

La sociedad en general, no es culpable de lo que sucede, ya que el poder ejecutivo, el poder económico y de quienes están en la primera línea de este gran circo, han propiciado todo lo que sucede actualmente, decidiendo hacia donde debemos ir como masa.

Pero el no ser culpables de todo lo que pasa, o de la consecución de acciones, que nos transportaron a este Chile abatido y empobrecido, no significa que debamos hacernos parte de ello. La responsabilidad de continuar con la acentuación de nuestras precariedades y necesidades es lisa y llanamente nuestra, porque somos nosotros quienes seguimos legitimando a un grupo de personas que fueron puestas ahí, precisamente para velar por que las necesidades más básicas, estén garantizadas.

Creemos falsamente que con dar la raya una vez cada cierto tiempo, estamos cumpliendo con nuestro deber cívico, como si fuera la etiqueta de la semana, y de nuevo a la continuidad de mi vida.

En esta pasada creo que el deber cívico debe estar presente en todo momento, y no en cumplir normativas que nos hemos impuesto, sino que siendo mejor cada día. En ser amable, empático, y no hablo de andarle riendo a todo el mundo para no pasar por un tipo penca, porque sencillamente cada uno tiene su carácter, y no puedes ser monedita de oro en todos lados.

Pero si hablo de un compromiso con los tuyos, con no joderlos o cagarlos en buen chileno. Aquí todos buscamos lo mismo; vivir, amar, experimentar. Más allá de todas las aspiraciones, de poder viajar, conocer y el amplio espectro de lo que la palabra experimentar significa (económicamente hablando) no creo que todos tengan ansias de poder o de acaparar. Puedo estar siendo bastante iluso, pero siento que todos, en su gran mayoría, lo que esperamos es estar, compartir y poder sentirnos queridos por quienes nos importan, ósea el amor en todas sus expresiones; (no hablo de amor romántico, para aclarar).

Ahora, estamos hasta el “cogote”, con un clima tenso, incierto, en modo reptiliano, tratando de sobrevivir a todo este desastre (dentro de la matrix, jajajajaja). Por afuera, los hijos de putin con los cuchillos entre los dientes, Estados Unidos con su viejito que saluda sólo, y nosotros con un presi que se pone “choro” cuando le exponen el sentir de su nación.

¿¿¿Qué hacemos???… o tal como se lo consulté a Jorge Sharp, cuando estuvo aquí en la radio hace un par de días. ¿Quién le pone el cascabel al gato? Como logramos que todos estos amigos- que se encuentran viviendo una vida holgada, con la posibilidad de ahorrar, de invertir, porque ganan buenos sueldos, a diferencia de todos los demás (hablo de los que se esfuerzan, de los que luchan, de los que trabajan, o salen a buscarlo)- hagan lo que realmente fueron mandatados y dejen de ocupar el estado (institución) como la gallina de los huevos de oro; y se dediquen a velar por la nación, ya que, por eso, ud. señora, ud. señor, es un contribuyente y no un esclavo.

¿Y bien?, creo que debemos revisar nuestras acciones, discernir quien si y quien no, en temas de liderazgo, porque claramente no podemos ser tan taxativos y votar a todos al bote. Tenemos la misión de ser entes participativos y vinculantes en todo, porque al final del día, y como lo refiere la teoría del “huevo cósmico”, todos somos uno.

Compartir en Redes Sociales...